La vida secreta de mis amigas

A todos nos gusta en alguna medida el chisme. No tienen que admitirlo, yo lo hago por ustedes.

Hasta que me casé tuve montones de amigas que conocí a lo largo de esos veintisiete años y tanto, pero a partir de ahí han sido muy pocas las que vinculé a mi vida, y muchas las que no volví a ver, a no ser que verlas en redes sociales cuente como “verlas”. El caso es que a todas nos ha cambiado tanto la situación que menos mal en nuestra época rosa y festiva no había como hacer público lo obviamente privado, pero al revisar sus perfiles no puedo dejar de hacer una estadística simple (ojo, no soy matemática sino comunicadora):

El 90% estableció alguna relación con la intención y creencia de ser definitiva,
El 40% de las que se casaron se separaron de sus maridos, viven con los niños, los ex parecen haber muerto y ellas se ven más lindas, delgadas, tranquilas, felices y en mejor situación económica. Me encantan.

De las que no se casaron, el 10% viajan por el mundo con amigos y parecen encontrar gran placer en ello, yo les creo, de las experiencias increíbles en la vida es caminar por calles desconocidas sin afán pero con la convicción de no olvidar ninguno de los pasos recorridos. Ponen uña fotos preciosas de sitios en los que quisiera estar sobretodo cuando es domingo y tengo que madrugar a llevar a mi hija a la práctica de algún deporte o cuando estoy tomando una hora de descanso a la semana y resulta que se acabó el mercado.

De las separadas, muchas entraron a circular al “mercado del usado” con gran éxito y se han dado la oportunidad de tener una nueva vida en la que están solas o acompañadas pero en sana paz, disfrutando el tiempo en familia, saliendo a divertirse, estudiando y viajando. Son valientes, arriesgadas y felices. Tienen familias ampliadas y han logrado, en algunos casos, ser amigos entre todos. Súper civilizados.

El otro lado es el 10% que parece no haber superado la etapa del rebusque en discotecas, lo siento, se ven muy raras al lado de compañeros de fiesta que son por lo menos quince años menores e incluso lucen escotes por los que alcanzó a ver sus zapatos, nada de malo en esto aunque deberían cuidarse de embetunar bien el calzado. Cuando tienen hijas adolescentes, aparecen en juntas en muchas fotos pero parece que son ellas las que tienen un imparable ataque hormonal que seguro lamentarán al día siguiente aunque, por supuesto, de ello no publicarán fotos.

Ahora hablo de las que no se separaron o no lo han hecho aún y ya deben haber celebrado más de diez aniversarios.

La gran mayoría optó por educar con valores similares a los que les infundieron sus papás, se ven “bien puestecitas” y sus maridos igual. Entre otras cosas, por favor compartan el secreto de estar siempre bien peinadas y sin ojeras.

Muchas de las anteriores son políticamente correctas, madres, esposas y profesionales exitosas con los pies en la tierra y muchas fotos sonrientes; otras casi no opinan, solo comparten avisos virales o fotos de sus familias. Se sonrojan cuando alguien protesta o usa ropa un poco ligera y ni qué decir de sus opiniones respecto al amor entre dos del mismo sexo, o de pensar en que la gente no crea en el mismo Dios e incluso de ver que hay quienes no creen en ninguno y pelean menos. En serio, no entiendo cómo quedaron embarazadas.

Las que más curiosidad me causan son las que no parecen hacer gran cosa ni trabajar demasiado y viven como reinas, carajo, me equivoqué de profesión. Todo lo que se me ocurre a mí es gratis, como un blog. Solo hay fotos en restaurantes carísimos y de viajes a sitios lejanos, se visten como para salir en las páginas sociales, incluso sonríen el domingo en la hora gris y reportan cada lugar que pisan, yo me tomaré un día una foto en la que salga entrepiernada y con una ruana encima. No es envidia, sólo quisiera saber su secreto, por favor no sean tacañas y suelten algún dato. Casi todas parecen seres de luz mientras que si yo lo fuera podría electrocutar a la mitad de los seres humanos, con razón nunca me invitan a nada, eso sí, de vez en cuando me dan un “me gusta” y se los agradezco.

Lo que me queda es que las pocas amigas con las que comparto en la vida real también tienen alguna media remendada, van a hoteles con todo incluido y nos morimos de la risa al ver que no hemos podido pasar de un día de dieta, aunque la situación ha cambiado en los últimos meses y por pura recomendación médica nos ha tocado “cerrar el pico” y hacer ejercicio. Hubiéramos arrancado antes, es muy divertido y satisfactorio. Les preocupa el futuro, aprovechan las ofertas, analizan a quiénes invitan a su casa, prefieren conocer a los papás de los amigos de sus hijos, no “tragan entero”, tienen esposo- cómplice- amigo- amante-padre de sus hijos  (todo en el mismo), y aunque no sea perfecto, esperan que su matrimonio sea para siempre.

En  el fondo al 100% buscamos ser felices, cada cual a su manera, y ver a nuestras familias igual. Por muy feministas que seamos, en algún punto nos sentimos orgullosas de lo bien preparado que nos quedó un postre, aunque yo también me siento orgulllosa de saber en dónde se compra y más barato.

 

 

10 inevitables de las cuarenta primaveras

 

Uno no sólo llega a los cuarenta años cuando los cumple, llega durante varios años más y muchas  veces al año, por ejemplo cuando sus amigos aún están en los dorados treintas así los estén culminando o cuando los compañeros de trabajo cumplen años y no pasan de veintisiete, o cuando uno conoce mamás que están embarazadas por segunda o tercera vez pero tienen treinta y pico y no piensan en que tal vez se les hizo un poco tarde, los riesgos que corren, etc… En esos momentos uno nuevamente cumple cuarenta y de manera irremediable e irreversible te buscan para que compartas tus experiencias de vida y ya no para enseñarte o compartirte la propia.

Pero a los cuarenta años pasan cosas que si se tiene una actitud un poco irreverente lo harán reír una vez pase el momento de verse cara a cara con la realidad:

  1. Aunque no lo confiese canciones como “Yo también tuve veinte años” o “La treintañez” le harán ver que ya no sólo le pasa a sus padres sentir que no hay vuelta atrás y que de algún modo esos años se fueron y no volvieron.

 

  1. Su hijo sabrá más de tecnología que usted. Yo me he propuesto estar al día en asuntos de redes sociales, gadgets y demás pero solo mi hija logra configurar bien el computador, desbloquear el teléfono, poner buenos efectos a una fotografía, y me informa de nuevas apps disponibles (y las instala).

 

  1. El cuerpo con el que uno llega a los cuarenta años ya no es el mismo ni siquiera de hace cinco a no ser que siempre haya sido del tipo atlético y de vida saludable porque ni con varias cirugías encima logrará correr 5K y menos 10K si no lo ha practicado antes, es más, subir más de tres pisos cuando el ascensor esté dañado puede ser un gran reto diario. La buena noticia es que nunca es tarde y el cuarto piso hace que uno se decida, es ahora o nunca. Uno también puede retomar deportes que practicó antes y comprobar que no lo hace tan mal como cree y de pronto queda enredado en un mundos emocionantes como el de las bicicletas, el running o el senderismo.
  1. Las canciones que tanto le entusiasman, lo hacen cantar a pleno pulmón y bailar como si el tiempo no hubiera pasado son ahora clásicos musicales así no haya un cantante o banda actual que se aproxime a Soda Estéreo, Miguel Mateos, Andrés Calamaro o Fabulosos Cádillacs. Nada que hacer, pronto Persiana Americana y Tira para Arriba serán de la “viejoteca”, si es que ya no le quitaron el puesto a La Sirena viene hacia mí. Cada vez que suena una de esas canciones en la radio “la pisan” con un anuncio que dice que es un clásico.

 

  1. Si de ritmos y bailes se trata ni sueñe que sus hijos saben bailar un meneito, no. Los de menos de veinte años no tienen ni idea de un baile en conjunto, es más, a no ser que se trate de una fiesta de meros cuarentones ni se le ocurra parase a seguir sus pasos de El General ni levante la mano si “tú estás gozando”, porque podrían verlo como usted vio a Pedro El Escamoso. ¿Qué cara le han hecho sus hijos cuando lo ven bailando con los brazos arriba WMCA? La próxima vez que esté bailando emocionado, abra los ojos y verá que es cierto.

 

  1. La moda no incomoda a no ser que requiera tener un cuerpo que sea dos tallas menores del que está viendo en el espejo, por eso a los cuarenta hay que pensar bien lo que se va a poner, no tanto por el riesgo de parecer una “cuchibarbie” porque eso es cuestión de cada uno, pero como dice algún meme, procure que si usa moda animal print, su peso sea menor que el del animal en cuestión. El color negro suele ser un buen aliado, pero anímese a ponerse otra cosa y verá como le cambia la cara, se le quitan las ojeras y se verá con buen ánimo.

 

  1. El viernes siempre es motivo de alegría, uno se levanta como de quince o mejor de veinticinco que eran más agradables, se pone pinta de jeans day, llega a trabajar y todo es más agradable, versátil, ligero pero decisivo, todo es ahora o nunca y el pensamiento lleva a querer tomarse un vino con el ser amado, pero las horas pasan, el tráfico hay que enfrentarlo, mirar las tareas de los hijos, pensar en las clases del fin de semana, hay que hacer mercado, visitar a la suegra, ir a una condenada piñata y cuando uno mira el reloj son las 9 p.m. y podemos aprovechar para ver un capítulo de alguna serie de Netflix y cuando los ojos vuelven a abrirse el ser amado ronca y uno también está en las mismas, no me digan que a los cuarenta uno no ronca. El otro viernes será.

 

  1. Emprender una empresa para ser independiente y exitoso es una idea muy sexy a los cuarenta, pero yo de eso no sé mucho y de lo que si es que el miedo puede hacer malas jugadas así como la falta de buena planeación sobretodo de asuntos fiscales. Prepárese para trabajar mucho más que antes. Piénselo y si está decidido, no se quede con las ganas.

 

  1. Los placeres enormes son fantásticos pero también se pueden disfrutar en pequeños instantes que parecen regresarnos a los quince, veinte o veinticinco. Una mañana en que pueda dormir más tarde de las seis de la mañana, darse una jornada completa de lectura, películas y un buen café o un delicioso vino sin interrupciones, un par de horas con amigos para reírse a carcajadas y retomar temas que estuvieron pendientes por décadas, visitar a los padres y que le consientan. Dicen las malas lenguas que las mamás se comen las chocolatinas a escondidas en la cocina y que los hijos entran se hacen las locas y ponen cara seria.

 

  1. Es inevitable que trabaje con millennials y ahora podemos entender las quejas que hubo con respecto a la Generación X, es igual, así es la vida, da vueltas y por bien que se la lleve con ellos un buen día en sus conversaciones dirán que alguno actúa como si tuviera cuarenta y el otro responderá preguntándole que si está loco o borracho. Usted les dirá que tiene cuarenta y que un día llegarán ahí. Por “comeaños” que sea, será inevitable que en una reunión de trabajo todos coman tres o cuatro pedazos de pizza con gaseosa y usted pida una ensalada con una porción de pollo a la parrilla y agua para no irritar su cólon.

Los cuarenta se cumplen todos los días, no hay nada que hacer, por eso es mejor celebrarlos cada vez que pueda.