Urbanidad para corredores

¿Y quién no quiere divertirse mientras corre? En la calle y en las carreras encontramos a muchas personas que son parte de ese club por el que no hay que pagar nada ni tiene sede fija: el running o mejor el club de los corredores; pero no seamos de los que causan segundos de amargura, vale la pena que la “buena onda” nunca la dejemos atrás así estemos superando día a día nuestra propia velocidad.

Escribo algunos apuntes para corredores y no corredores que seguro harán que algunos lectores asienten con la cabeza y hasta tuerzan los ojos.

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Para corredores:
1. ¡Sonríe! No hagas cara de tragedia, nadie te obliga a correr, ¡disfrútalo!
2. Saluda a los otros corredores que te den una mirada amable, ya lo sabes, basta con sonreír o levantar tu dedo pulgar.
3. Ayuda mientras puedas. ¿Alguien se cayó a tu lado? Mira si está solo, si necesita ayuda, y por lo menos ofrécele llamar a alguien. ❤️
4. Corre por tu carril, así sea imaginario. No andes en zig-zag ya sabes que puedes causar un accidente. Si te vas a cambiar de carril mira por el rabillo del ojo que para eso es.
5. Si notas que hay corredores que van más rápido que tu procura andar por la derecha, puedes causar un accidente y también limitar el movimiento de los demás. No está mal ir despacio, pero conserva tu carril.
6. Si eres de los rápidos tipo Flash no atropelles al resto, no les des codazos ni te quejes. Solo sigue tu camino, amigo velocista. Todos te admiramos.👍🏼
7. ¿Te gusta correr oyendo música? Te entiendo, pero conserva un volumen que te permita no perder la noción del entorno para poder reaccionar a tiempo ante alguna eventualidad, por ejemplo, si un carro te pita porque te estás pasando la calle en el momento inadecuado.
8. ¿Viste algo en el camino que quieres señalar a tu acompañante? Hazlo, pero no saques tu brazo como si fueras a parar un bus, puedes pegarle un golpe a otra persona que va corriendo detrás de ti o a tu lado.
9. ¡No frenes en seco! ¿Necesitas explicación? No creo.
10. No te lances en los cruces vehiculares. Espera. Adivina quién puede sufrir el peor daño. No hay unos segundos mejor invertidos que los que te salvan de ser atropellado.
11. Si vas a escupir (asquerosa maña) por lo menos mira que no caiga en lo pies de algún corredor.
12. Jamás, jamás, jamás menosprecies la carrera que han hecho los demás, ni tampoco la que tú mismo has terminado.😀

Para no corredores:
1. ¿Tienes amigos que ya no trasnochan ni toman alcohol porque al otro día van a correr? Felicítalos y respétalos. No te burles. Anímate a salir por primera vez, tendrán paciencia contigo.🏃🏽‍♀️🏃🏻‍♂️
2. ¿Tus amigos se han alejado de la comida grasosa y de las harinas? Haz lo mismo, nada malo te va a pasar.
3. ¿Tus amigos hablan de carreras y entrenamientos? Déjalos, seguro en un rato cambian de tema.
4. ¿Vas en carro y viene algún corredor? Si puedes y es prudente dale la vía, no perderás más de cinco segundos y recibirás un agradecimiento en forma de pulgar arriba.👍🏼
5. ¿Te inscribiste a una carrera y no corres? ¡Muy bien! Pero has el recorrido por la derecha. Sigue entrenando y en la próxima carrera te corres un poco hacia la izquierda.🥇

Dicho esto, ¡todos a correr!🏃🏻‍♂️🏃🏽‍♀️🏃🏻‍♂️🏃🏽‍♀️

¿Por qué las rolas somos así?

Así, ¿cómo?. Pensará usted. Pues así. Antipáticas, culisecas, creídas al bailar, pensándonos de mejor familia que el resto y con esa sonrisa que casi nadie sabe cómo traducir. Pues si, así parecemos, pero no es del todo cierto.

Detrás de esa apariencia antipática, a ratos, hay una enorme amabilidad. No crea usted que es intencional que a veces miremos por encima del hombro al resto de la humanidad. No. Nosotras, desde niñas hemos ido superando prueba tras prueba que por sencillas y frívolas que parezcan, han formado nuestro carácter que no se amaina ante la primera dificultad ni se deslumbra fácilmente.

Piense que a casi todas las rolas nos tocó soportar, con tan solo días de nacidas, esas mallas de lana que dan tanto calor y rasquiña, además de tener que vestirnos por capas porque el clima de Bogotá es bipolar y hay que estar listos para el frío despiadado o el sol intenso que anticipa un agüacero. Esto nos ha hecho ser previsivas, pacientes y tolerantes.

Superar esta extraña mezcla de moda europea armada con atuendos criollos junto con la advertencia eterna de las mamás de arriesgarse a “pescar” una gripa si uno no se tapa la boca, los oídos, el cuello, las orejas, la cabeza y todo de ahí para abajo, es todo un mérito al reconocer que debajo de tanta ropa hay un cuerpecito latino que aunque tiene su “tumbao” jamás aprendió ni aprenderá a mover los hombros cual costeña que lo hace con la facilidad de un pestañeo, tiene “flow”, sonríe y como si fuera poco anima la fiesta y hace señales con sus manos para que todos vayan a bailar. Nosotras las rolas bailamos bien, con estilo, sin alboroto y aunque bailar una pulla no sea nuestra especialidad, bailar un merengue medio apretao nos sale muy bien.

Además de nacer y vivir en una ciudad enorme que se disputa entre ser una de las grandes metrópolis del mundo y caer en la típica capital subdesarrollada, recibimos con una sonrisa a la gran cantidad de gente que viene de otros lugares a quejarse del frío, del tráfico y hasta de nosotros, los “insípidos rolos” como nos dicen porque nacimos medió negados para contar chistes o lucirnos en un karaoke como si fuéramos familiares de Juanes, de Shakira o de Carlos Vives.

Lo nuestro es llegar al alma, cantar acompañados por una guitarra en una noche romántica a media luz, disfrutar de una conquista inteligente, bailar apretado pero no con el “bluyineado” que hace que los demás tuerzan los ojos; nos gusta tomarnos un cóctel o una café “charladito”, y así durmamos con las medias puestas, escondemos una pasión ardiente e inolvidable que no se le entrega cualquiera. Como toda regla, tendrá excepciones, pero lo disimulan.

Eso sí, la belleza cachaca no tiene duda, Colombia es tierra de mujeres hermosas y nosotras no tendríamos que ser diferentes, pero el trasero, señoras y señores, nos lo quedó debiendo la madre naturaleza, eso sí a todo le ponemos el pecho porque por ese lado no hay ningún inconveniente. ¿Pero que esperan? El tráfico en Bogotá no sólo es desquiciador sino aplanador. ¿Acaso las caleñas, que son como las flores, se ven obligadas a estar sentadas por mínimo dos horas cada día? Aquí no hay gimnasio que valga, no insista. Claro, hay quienes lo han solucionado con una cirugía pero, es cuestión de gustos pero prefiero el estilo culiseco al de silicona andante, abundante y de jeans sin bolsillos.

¿Que somos medio antipáticas y nadie sabe a qué atenerse? Puede ser. Las abuelas dicen que la prudencia hace verdaderos sabios y por eso nosotras miramos, analizamos, medimos, evaluamos, probamos y una vez superadas las etapas del método científico, lo consideramos. No señores, fáciles no somos.

Lo cierto es que con todos nuestros “peros” las rolas somos valientes, emprendedoras, incluyentes y hasta queridas, dígame usted sino le facilitamos la vida a quien nos pida ayuda, recibimos en nuestra casa con gusto a las visitas así lleguen a la hora del arrunche dominical y hasta le tenemos paciencia al vecino ruidoso, eso sí, no le busque las cinco patas al gato porque ahí estamos.

Para una rola una clara demostración de amor es ir a Monserrate y tomar canela o chocolate … así el amor se verá más grande, lo juro por Dios.

 

 

 

 

La vida secreta de mis amigas

A todos nos gusta en alguna medida el chisme. No tienen que admitirlo, yo lo hago por ustedes.

Hasta que me casé tuve montones de amigas que conocí a lo largo de esos veintisiete años y tanto, pero a partir de ahí han sido muy pocas las que vinculé a mi vida, y muchas las que no volví a ver, a no ser que verlas en redes sociales cuente como “verlas”. El caso es que a todas nos ha cambiado tanto la situación que menos mal en nuestra época rosa y festiva no había como hacer público lo obviamente privado, pero al revisar sus perfiles no puedo dejar de hacer una estadística simple (ojo, no soy matemática sino comunicadora):

El 90% estableció alguna relación con la intención y creencia de ser definitiva,
El 40% de las que se casaron se separaron de sus maridos, viven con los niños, los ex parecen haber muerto y ellas se ven más lindas, delgadas, tranquilas, felices y en mejor situación económica. Me encantan.

De las que no se casaron, el 10% viajan por el mundo con amigos y parecen encontrar gran placer en ello, yo les creo, de las experiencias increíbles en la vida es caminar por calles desconocidas sin afán pero con la convicción de no olvidar ninguno de los pasos recorridos. Ponen uña fotos preciosas de sitios en los que quisiera estar sobretodo cuando es domingo y tengo que madrugar a llevar a mi hija a la práctica de algún deporte o cuando estoy tomando una hora de descanso a la semana y resulta que se acabó el mercado.

De las separadas, muchas entraron a circular al “mercado del usado” con gran éxito y se han dado la oportunidad de tener una nueva vida en la que están solas o acompañadas pero en sana paz, disfrutando el tiempo en familia, saliendo a divertirse, estudiando y viajando. Son valientes, arriesgadas y felices. Tienen familias ampliadas y han logrado, en algunos casos, ser amigos entre todos. Súper civilizados.

El otro lado es el 10% que parece no haber superado la etapa del rebusque en discotecas, lo siento, se ven muy raras al lado de compañeros de fiesta que son por lo menos quince años menores e incluso lucen escotes por los que alcanzó a ver sus zapatos, nada de malo en esto aunque deberían cuidarse de embetunar bien el calzado. Cuando tienen hijas adolescentes, aparecen en juntas en muchas fotos pero parece que son ellas las que tienen un imparable ataque hormonal que seguro lamentarán al día siguiente aunque, por supuesto, de ello no publicarán fotos.

Ahora hablo de las que no se separaron o no lo han hecho aún y ya deben haber celebrado más de diez aniversarios.

La gran mayoría optó por educar con valores similares a los que les infundieron sus papás, se ven “bien puestecitas” y sus maridos igual. Entre otras cosas, por favor compartan el secreto de estar siempre bien peinadas y sin ojeras.

Muchas de las anteriores son políticamente correctas, madres, esposas y profesionales exitosas con los pies en la tierra y muchas fotos sonrientes; otras casi no opinan, solo comparten avisos virales o fotos de sus familias. Se sonrojan cuando alguien protesta o usa ropa un poco ligera y ni qué decir de sus opiniones respecto al amor entre dos del mismo sexo, o de pensar en que la gente no crea en el mismo Dios e incluso de ver que hay quienes no creen en ninguno y pelean menos. En serio, no entiendo cómo quedaron embarazadas.

Las que más curiosidad me causan son las que no parecen hacer gran cosa ni trabajar demasiado y viven como reinas, carajo, me equivoqué de profesión. Todo lo que se me ocurre a mí es gratis, como un blog. Solo hay fotos en restaurantes carísimos y de viajes a sitios lejanos, se visten como para salir en las páginas sociales, incluso sonríen el domingo en la hora gris y reportan cada lugar que pisan, yo me tomaré un día una foto en la que salga entrepiernada y con una ruana encima. No es envidia, sólo quisiera saber su secreto, por favor no sean tacañas y suelten algún dato. Casi todas parecen seres de luz mientras que si yo lo fuera podría electrocutar a la mitad de los seres humanos, con razón nunca me invitan a nada, eso sí, de vez en cuando me dan un “me gusta” y se los agradezco.

Lo que me queda es que las pocas amigas con las que comparto en la vida real también tienen alguna media remendada, van a hoteles con todo incluido y nos morimos de la risa al ver que no hemos podido pasar de un día de dieta, aunque la situación ha cambiado en los últimos meses y por pura recomendación médica nos ha tocado “cerrar el pico” y hacer ejercicio. Hubiéramos arrancado antes, es muy divertido y satisfactorio. Les preocupa el futuro, aprovechan las ofertas, analizan a quiénes invitan a su casa, prefieren conocer a los papás de los amigos de sus hijos, no “tragan entero”, tienen esposo- cómplice- amigo- amante-padre de sus hijos  (todo en el mismo), y aunque no sea perfecto, esperan que su matrimonio sea para siempre.

En  el fondo al 100% buscamos ser felices, cada cual a su manera, y ver a nuestras familias igual. Por muy feministas que seamos, en algún punto nos sentimos orgullosas de lo bien preparado que nos quedó un postre, aunque yo también me siento orgulllosa de saber en dónde se compra y más barato.

 

 

10 inevitables de las cuarenta primaveras

 

Uno no sólo llega a los cuarenta años cuando los cumple, llega durante varios años más y muchas  veces al año, por ejemplo cuando sus amigos aún están en los dorados treintas así los estén culminando o cuando los compañeros de trabajo cumplen años y no pasan de veintisiete, o cuando uno conoce mamás que están embarazadas por segunda o tercera vez pero tienen treinta y pico y no piensan en que tal vez se les hizo un poco tarde, los riesgos que corren, etc… En esos momentos uno nuevamente cumple cuarenta y de manera irremediable e irreversible te buscan para que compartas tus experiencias de vida y ya no para enseñarte o compartirte la propia.

Pero a los cuarenta años pasan cosas que si se tiene una actitud un poco irreverente lo harán reír una vez pase el momento de verse cara a cara con la realidad:

  1. Aunque no lo confiese canciones como “Yo también tuve veinte años” o “La treintañez” le harán ver que ya no sólo le pasa a sus padres sentir que no hay vuelta atrás y que de algún modo esos años se fueron y no volvieron.

 

  1. Su hijo sabrá más de tecnología que usted. Yo me he propuesto estar al día en asuntos de redes sociales, gadgets y demás pero solo mi hija logra configurar bien el computador, desbloquear el teléfono, poner buenos efectos a una fotografía, y me informa de nuevas apps disponibles (y las instala).

 

  1. El cuerpo con el que uno llega a los cuarenta años ya no es el mismo ni siquiera de hace cinco a no ser que siempre haya sido del tipo atlético y de vida saludable porque ni con varias cirugías encima logrará correr 5K y menos 10K si no lo ha practicado antes, es más, subir más de tres pisos cuando el ascensor esté dañado puede ser un gran reto diario. La buena noticia es que nunca es tarde y el cuarto piso hace que uno se decida, es ahora o nunca. Uno también puede retomar deportes que practicó antes y comprobar que no lo hace tan mal como cree y de pronto queda enredado en un mundos emocionantes como el de las bicicletas, el running o el senderismo.
  1. Las canciones que tanto le entusiasman, lo hacen cantar a pleno pulmón y bailar como si el tiempo no hubiera pasado son ahora clásicos musicales así no haya un cantante o banda actual que se aproxime a Soda Estéreo, Miguel Mateos, Andrés Calamaro o Fabulosos Cádillacs. Nada que hacer, pronto Persiana Americana y Tira para Arriba serán de la “viejoteca”, si es que ya no le quitaron el puesto a La Sirena viene hacia mí. Cada vez que suena una de esas canciones en la radio “la pisan” con un anuncio que dice que es un clásico.

 

  1. Si de ritmos y bailes se trata ni sueñe que sus hijos saben bailar un meneito, no. Los de menos de veinte años no tienen ni idea de un baile en conjunto, es más, a no ser que se trate de una fiesta de meros cuarentones ni se le ocurra parase a seguir sus pasos de El General ni levante la mano si “tú estás gozando”, porque podrían verlo como usted vio a Pedro El Escamoso. ¿Qué cara le han hecho sus hijos cuando lo ven bailando con los brazos arriba WMCA? La próxima vez que esté bailando emocionado, abra los ojos y verá que es cierto.

 

  1. La moda no incomoda a no ser que requiera tener un cuerpo que sea dos tallas menores del que está viendo en el espejo, por eso a los cuarenta hay que pensar bien lo que se va a poner, no tanto por el riesgo de parecer una “cuchibarbie” porque eso es cuestión de cada uno, pero como dice algún meme, procure que si usa moda animal print, su peso sea menor que el del animal en cuestión. El color negro suele ser un buen aliado, pero anímese a ponerse otra cosa y verá como le cambia la cara, se le quitan las ojeras y se verá con buen ánimo.

 

  1. El viernes siempre es motivo de alegría, uno se levanta como de quince o mejor de veinticinco que eran más agradables, se pone pinta de jeans day, llega a trabajar y todo es más agradable, versátil, ligero pero decisivo, todo es ahora o nunca y el pensamiento lleva a querer tomarse un vino con el ser amado, pero las horas pasan, el tráfico hay que enfrentarlo, mirar las tareas de los hijos, pensar en las clases del fin de semana, hay que hacer mercado, visitar a la suegra, ir a una condenada piñata y cuando uno mira el reloj son las 9 p.m. y podemos aprovechar para ver un capítulo de alguna serie de Netflix y cuando los ojos vuelven a abrirse el ser amado ronca y uno también está en las mismas, no me digan que a los cuarenta uno no ronca. El otro viernes será.

 

  1. Emprender una empresa para ser independiente y exitoso es una idea muy sexy a los cuarenta, pero yo de eso no sé mucho y de lo que si es que el miedo puede hacer malas jugadas así como la falta de buena planeación sobretodo de asuntos fiscales. Prepárese para trabajar mucho más que antes. Piénselo y si está decidido, no se quede con las ganas.

 

  1. Los placeres enormes son fantásticos pero también se pueden disfrutar en pequeños instantes que parecen regresarnos a los quince, veinte o veinticinco. Una mañana en que pueda dormir más tarde de las seis de la mañana, darse una jornada completa de lectura, películas y un buen café o un delicioso vino sin interrupciones, un par de horas con amigos para reírse a carcajadas y retomar temas que estuvieron pendientes por décadas, visitar a los padres y que le consientan. Dicen las malas lenguas que las mamás se comen las chocolatinas a escondidas en la cocina y que los hijos entran se hacen las locas y ponen cara seria.

 

  1. Es inevitable que trabaje con millennials y ahora podemos entender las quejas que hubo con respecto a la Generación X, es igual, así es la vida, da vueltas y por bien que se la lleve con ellos un buen día en sus conversaciones dirán que alguno actúa como si tuviera cuarenta y el otro responderá preguntándole que si está loco o borracho. Usted les dirá que tiene cuarenta y que un día llegarán ahí. Por “comeaños” que sea, será inevitable que en una reunión de trabajo todos coman tres o cuatro pedazos de pizza con gaseosa y usted pida una ensalada con una porción de pollo a la parrilla y agua para no irritar su cólon.

Los cuarenta se cumplen todos los días, no hay nada que hacer, por eso es mejor celebrarlos cada vez que pueda.

 

En bata y sin calzones

Los linderos del cuarto piso limitan con la sala de espera de los rayos x, las pruebas de laboratorio, las ecografías y las fisioterapias y por lo menos una vez al año uno debe verse en la fastidiosa situación de estar compartiendo con un montón de gente, que uno no conoce, en bata y sin calzones, eso sí con medias y zapatos.

La penúltima vez yo fui a que me hicieran una resonancia y menos mal había un letrero que prohibía tomar fotos o hacer videos porque vaya uno a saber si de pronto termina expuesto en el muro de Facebook de alguien así, amarillo, sudoroso, despeinado con cara larga y aunque no se vea que por debajo de la bata no hay nada, pues todos compartimos ese secretico y todos hacemos como si nada. Una vez entré a la sala de procedimientos y empezó el examen la enfermera apagó la luz y me puso una cobija y cuando me disponía a sacar algo bueno de lo incómodo, dormir un rato, ella decidió hablarme para que no me sintiera sola y así perdí diez minutos de sueño hasta que ella misma guardó silencio.

La última fue la odiosa colonoscopia que para quien no lo sepa a estas alturas, necesita una preparación que se basa en la toma de un laxante horrible hasta que le queden los diez metros de intestino como nuevos. Una vez llega la hora del examen se repitió la historia, todos en bata, sin nada por debajo, medias y zapatos, todos pálidos y con mucha hambre rezando para que no salga nada raro, para que el médico tenga buen pulso y para que no se sienta nada como cuando a uno el novio le decía que solo la puntica pero era hasta el fondo. Una vez terminado el examen nos vemos todos nuevamente como si nada hubiera pasado pero todos sabemos que pasó, en esa sala de procedimientos dejamos nuestra dignidad y ni nos dimos cuenta, es más ni le vimos bien la cara al doctor y ni modos de masajearse un poco.

A nadie le gusta hacerse estos exámenes por lo que siempre es mejor llevar una vida sana con dieta balanceada, hacer ejercicio, manejar el estrés, no fumar y también por si le toca asistir por la sala de urgencias estar depilada, uno nunca sabe. Finalmente nadie sabe para quién se baña.

A los cuarenta los ojos son solteros

Alguna vez le oí decir a una escritora que los ojos son solteros y me quedó sonando por mucho tiempo, después olvidé el asunto hasta que un día en redes sociales salieron unas fotos comparativas de los actores más guapos de los años noventa y su apariencia actual, todos conservan su mirada, sonrisa y demás encantos que ahora lucen con algunas canas e interesantes arrugas. Aquí entre nos, me pareció que a Dylan el de Clase de Beverly Hills le hizo falta un tilín de protector solar y el exceso de gel para parase el pelo le pasó la cuenta.

La publicación fue cuidadosa en incluir a quienes se han conservado bien sin echar mano de las cirugías estéticas, así que se ven reales y tan creíbles que uno no puede dejar de pensar en el paso del tiempo porque de todas maneras han envejecido y es probable que incluso a mí me haya pasado lo mismo. Sólo “posible”.

Pude haber caído en la antipática y poco estimulante actitud de analizar mis kilos de más, el pelo de menos y mis partes que han sufrido el cruel efecto de la gravedad, pero no lo hice. Me resultó mejor y más gratificante cerrar los ojos un segundo y rescatar el cosquilleo de adolescente cuando uno se imaginaba que si algún día viera en persona a estos famosos por lo menos les daría un besito. No me van a decir,  queridas amigas contemporáneas, que ustedes no lo soñaron, pero hoy en día dirán que ya no lo harían.

Los ojos son solteros y de vez en cuando se dan sus aires de libertad. Hace un tiempo estuve en un concierto de Alejandro Sanz y llegaron montones de ojos brillantes, de cuarenta años, todos con sus dueñas que salieron corriendo del trabajo para ir a esta cita y aprovechar la oportunidad para soltar un par de piropos deseosos que los estaban pensando desde hace más de trece años cuando vino el español por última vez con el corazón tan partío que entre miles de mujeres no lo hemos podido curar a pesar de corear a grito herido que llenaríamos de primaveras su invierno y le bajaríamos la luna para que juguemos. Esa noche, de esas boquitas que ya hace rato dejaron de arrullar con canciones de cuna, salieron a gritar propuestas para emprender de nuevo la dura tarea de la crianza con propuestas públicas como “Alejo, capullo, quiero un hijo tuyo” o reflexiones sobre las decisiones de la vida como el de una vecina de concierto que me dijo mientras activaba la cámara del celular y miraba con anhelo al cantante ” y yo dizque con la foto de mi marido de fondo de pantalla”, o la otra que simplemente gritaba “¡papacito, estás divino!” que carajo que no se supiera la nueva canción, yo tampoco me la sabía.

Así que mis queridas, que no sólo los ojos son solteros, los recuerdos también lo son, nos emocionan  y no les pasa el tiempo. Sonreír y suspirar cuando uno se acuerda del pasado está muy bien, cantar una canción que nos gusta como si el ayer estuviera más cerca o darle una mirada a los artistas con los que soñábamos y ver que de vez en cuando el tiempo no es tan cruel, nos sienta muy bien.

La nueva vida que empieza a los cuarenta

Pisar el cuarto piso es un estado del alma definitivo porque en adelante la palabra cuarentón hará parte de la vida de uno, pero no indica que uno esté viejo, lo que pasa es que tiene un montón de experiencia y por delante un tiempo de vida importante para aprovechar. 

Este es un blog para todo que el esté rondando los cuarenta años de edad, con o sin hijos, con o sin trabajo, se detenga, se ría de sí mismo y se identifique con algo de lo que nos pasa a nosotros lo nacidos en los años setenta.

La vida no empieza a los cuarenta, empieza desde antes de nacer, así no seamos conscientes de eso, pero quienes tenemos hijos sabemos como cada decisión que tomamos en los años anteriores ha influenciado el camino de nuestros adorados tesoros.

Pero en este piso cuarto la manera como nos vemos a nosotros mismos y al mundo da un interesante giro y en lugar de sentir mareo debemos disfrutarlo.