A los cuarenta los ojos son solteros

Alguna vez le oí decir a una escritora que los ojos son solteros y me quedó sonando por mucho tiempo, después olvidé el asunto hasta que un día en redes sociales salieron unas fotos comparativas de los actores más guapos de los años noventa y su apariencia actual, todos conservan su mirada, sonrisa y demás encantos que ahora lucen con algunas canas e interesantes arrugas. Aquí entre nos, me pareció que a Dylan el de Clase de Beverly Hills le hizo falta un tilín de protector solar y el exceso de gel para parase el pelo le pasó la cuenta.

La publicación fue cuidadosa en incluir a quienes se han conservado bien sin echar mano de las cirugías estéticas, así que se ven reales y tan creíbles que uno no puede dejar de pensar en el paso del tiempo porque de todas maneras han envejecido y es probable que incluso a mí me haya pasado lo mismo. Sólo “posible”.

Pude haber caído en la antipática y poco estimulante actitud de analizar mis kilos de más, el pelo de menos y mis partes que han sufrido el cruel efecto de la gravedad, pero no lo hice. Me resultó mejor y más gratificante cerrar los ojos un segundo y rescatar el cosquilleo de adolescente cuando uno se imaginaba que si algún día viera en persona a estos famosos por lo menos les daría un besito. No me van a decir,  queridas amigas contemporáneas, que ustedes no lo soñaron, pero hoy en día dirán que ya no lo harían.

Los ojos son solteros y de vez en cuando se dan sus aires de libertad. Hace un tiempo estuve en un concierto de Alejandro Sanz y llegaron montones de ojos brillantes, de cuarenta años, todos con sus dueñas que salieron corriendo del trabajo para ir a esta cita y aprovechar la oportunidad para soltar un par de piropos deseosos que los estaban pensando desde hace más de trece años cuando vino el español por última vez con el corazón tan partío que entre miles de mujeres no lo hemos podido curar a pesar de corear a grito herido que llenaríamos de primaveras su invierno y le bajaríamos la luna para que juguemos. Esa noche, de esas boquitas que ya hace rato dejaron de arrullar con canciones de cuna, salieron a gritar propuestas para emprender de nuevo la dura tarea de la crianza con propuestas públicas como “Alejo, capullo, quiero un hijo tuyo” o reflexiones sobre las decisiones de la vida como el de una vecina de concierto que me dijo mientras activaba la cámara del celular y miraba con anhelo al cantante ” y yo dizque con la foto de mi marido de fondo de pantalla”, o la otra que simplemente gritaba “¡papacito, estás divino!” que carajo que no se supiera la nueva canción, yo tampoco me la sabía.

Así que mis queridas, que no sólo los ojos son solteros, los recuerdos también lo son, nos emocionan  y no les pasa el tiempo. Sonreír y suspirar cuando uno se acuerda del pasado está muy bien, cantar una canción que nos gusta como si el ayer estuviera más cerca o darle una mirada a los artistas con los que soñábamos y ver que de vez en cuando el tiempo no es tan cruel, nos sienta muy bien.

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