Urbanidad para corredores

¿Y quién no quiere divertirse mientras corre? En la calle y en las carreras encontramos a muchas personas que son parte de ese club por el que no hay que pagar nada ni tiene sede fija: el running o mejor el club de los corredores; pero no seamos de los que causan segundos de amargura, vale la pena que la “buena onda” nunca la dejemos atrás así estemos superando día a día nuestra propia velocidad.

Escribo algunos apuntes para corredores y no corredores que seguro harán que algunos lectores asienten con la cabeza y hasta tuerzan los ojos.

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Para corredores:
1. ¡Sonríe! No hagas cara de tragedia, nadie te obliga a correr, ¡disfrútalo!
2. Saluda a los otros corredores que te den una mirada amable, ya lo sabes, basta con sonreír o levantar tu dedo pulgar.
3. Ayuda mientras puedas. ¿Alguien se cayó a tu lado? Mira si está solo, si necesita ayuda, y por lo menos ofrécele llamar a alguien. ❤️
4. Corre por tu carril, así sea imaginario. No andes en zig-zag ya sabes que puedes causar un accidente. Si te vas a cambiar de carril mira por el rabillo del ojo que para eso es.
5. Si notas que hay corredores que van más rápido que tu procura andar por la derecha, puedes causar un accidente y también limitar el movimiento de los demás. No está mal ir despacio, pero conserva tu carril.
6. Si eres de los rápidos tipo Flash no atropelles al resto, no les des codazos ni te quejes. Solo sigue tu camino, amigo velocista. Todos te admiramos.👍🏼
7. ¿Te gusta correr oyendo música? Te entiendo, pero conserva un volumen que te permita no perder la noción del entorno para poder reaccionar a tiempo ante alguna eventualidad, por ejemplo, si un carro te pita porque te estás pasando la calle en el momento inadecuado.
8. ¿Viste algo en el camino que quieres señalar a tu acompañante? Hazlo, pero no saques tu brazo como si fueras a parar un bus, puedes pegarle un golpe a otra persona que va corriendo detrás de ti o a tu lado.
9. ¡No frenes en seco! ¿Necesitas explicación? No creo.
10. No te lances en los cruces vehiculares. Espera. Adivina quién puede sufrir el peor daño. No hay unos segundos mejor invertidos que los que te salvan de ser atropellado.
11. Si vas a escupir (asquerosa maña) por lo menos mira que no caiga en lo pies de algún corredor.
12. Jamás, jamás, jamás menosprecies la carrera que han hecho los demás, ni tampoco la que tú mismo has terminado.😀

Para no corredores:
1. ¿Tienes amigos que ya no trasnochan ni toman alcohol porque al otro día van a correr? Felicítalos y respétalos. No te burles. Anímate a salir por primera vez, tendrán paciencia contigo.🏃🏽‍♀️🏃🏻‍♂️
2. ¿Tus amigos se han alejado de la comida grasosa y de las harinas? Haz lo mismo, nada malo te va a pasar.
3. ¿Tus amigos hablan de carreras y entrenamientos? Déjalos, seguro en un rato cambian de tema.
4. ¿Vas en carro y viene algún corredor? Si puedes y es prudente dale la vía, no perderás más de cinco segundos y recibirás un agradecimiento en forma de pulgar arriba.👍🏼
5. ¿Te inscribiste a una carrera y no corres? ¡Muy bien! Pero has el recorrido por la derecha. Sigue entrenando y en la próxima carrera te corres un poco hacia la izquierda.🥇

Dicho esto, ¡todos a correr!🏃🏻‍♂️🏃🏽‍♀️🏃🏻‍♂️🏃🏽‍♀️

El reto lo pones tú.

 Con este título de autoayuda o slogan de una famosa y deliciosa bebida achocolatada debo decir que es cierto. El reto lo pones tú. Y así lo hice, el reto lo puse yo y fue así como a los treinta y pico retomé las clases de patinaje después de haberlo abandonado a los nueve años tras romperme hasta el alma y no encontrar los patines al recuperarme. Pues me subí en mis patines en línea nuevos, me puse casco, coderas, rodilleras y antifracturantes y con todo mi empeño le hice caso al profesor, ensayé en el pasto. Humillante, pero así fue y mi trasero lo agradeció. Prueba superada.
Tras meses de entrenamiento, mi técnica mejoró y por lo menos no me veo robótica y tampoco voy haciendo cara de “estoy que me caigo”, o de “¿Quién me manda a subirme en esto?“ y puedo salir con mi hija a la ciclovía sin que le dé pena ir con la mamá, sobretodo no me da pena a mí misma. Valió la pena subir el promedio de edad del nivel llamado “preinfarto” aunque de veinte alumnos éramos 5 los que pasábamos de las treinta y cinco primaveras. No fui tan aventajada como mi amigo John que incluso se inscribió en un par de competencias, una en categoría adultos que ganó y en otra en la categoría de mayores de 16 años, en la que tuvo un reconocimiento del público al llegar a los seiscientos metros a pesar de que faltaran otros cuatrocientos y hasta sus contrincantes tenían por lo menos veinte años menos lo felicitaron. A mí, mi adorado esposo me felicita cada día y me anima a seguir con mis retos. Esto lo cuento porque he visto como muchas parejas antes de ayudar convierten a su adorada media naranja en motivo de burla o simplemente no le creen que sea capaz si quiera de intentarlo.
Llegó la hora de la natación, tengo que superar el característico nadado de río con el que uno nace, crece, se desarrolla y si no aprende a nadar bien, muere. Literal. Me inscribí para los miércoles y viernes en el precioso horario de las 6 a.m. Llegó la hora de la primera clase y a pesar de mi cara de yo sé nadar y no me ahogo, la profesora me puso en el nivel de los que no saben nadar y sí se ahogan pero tienen técnica.
Por favor ve al otro lado de la piscina nadando como perrito. ¿Qué? Si vine a superar el nadado de río, pero bueno ahí voy. Ay por Dios, esta piscina tiene por lo menos un kilómetro de larga, pero yo puedo, seguro. Uy, qué tal que fumara.
Ahora, por favor nade haciendo “delfines”. ¿Qué? Uy no profe, ni idea dígale a alguien que lo haga y yo lo sigo.
Para terminar nade por debajo del agua hasta donde pueda. Esta sí, con esta llegó como un tiro al otro lado. Imposible que tantos años jugando a buscar piedritas debajo del agua no sirvan de nada. Hecho.
Listo Ana, usted se desplaza rápido pero dobla las rodillas, saca los pies del agua, no patalea constante y tampoco respira bien. Que bien que se metió a clases. ¿Nunca las había tomado? Y no, nunca las había tomado, siempre me limité a hacer visita en la piscina. Allí también he conocido gente estupenda y cada cual con su vida, unos con sus anhelos de ser papás, otros con su empresa y su banda de rock, otros que son estudiantes universitarios, otros pensionados y unos más que como yo salen corriendo al trabajo.
Después de un año de clases, a mis casi cuarenta y dos, ya estoy aprendiendo el estilo mariposa, me cuesta mucho, y aunque por ahora parezco una polilla con ínfulas y también soy la mayor de mi nivel, allí he teñido compañeros de la edad de mi papá y tienen un nivel superior al del resto de alumnos. Tremendas lecciones las que uno aprender cuando decide cambiar el tiempo de quedarse quieto y ser parte del público al de atreverse a vencerse a sí mismo.
Ayer, cumplí mi primer mes trotando, ya puedo recorrer cinco kilómetros en cuarenta minutos, pero lo más importante es que ya sé que puedo, que no me duele la espalda por la artritis en el sacro, que si al terminar estiro bien, no me duelen las rodillas, que sí, voy a terminar cansada pero feliz y sintiéndome viva y que puedo superarme a mí misma. Estoy usando los tenis que compré hace unos cinco años para correr y cuya única carrera era salir corriendo en carro cada fin de semana a llevar a mi hija a sus entrenamientos. Yo creía que no podía trotar. Un médico me lo había dicho, que no podía hacer ejercicios sino sólo estiramientos y aquí estoy con mis 5K y con ganas de más.

En la Media Maratón de Bogotá somos veteranos a partir de los cuarenta años, yo todavía no participó porque lo mínimo que se puede correr son diez kilómetros pero mi esposo lo hará por primera vez y mi hermano por segunda, ahí van los muy veteranos con sus tenis, su empeño y su entretenimiento de un año. Son mis campeones.  Se miran al espejo y así se ven.


Mi objetivo de esta entrada se cumple si por lo menos alguno de mis amigos que no hace ningún ejercicio, por lo menos lo piensa y decide empezar a hacer alguno de los que le gusta, dejar de simplemente celebrar los triunfos de Rigo, de Nairo, de James, de Ibargüen y salir a moverse, a divertirse y a vencerse a sí mismo.