¿Por qué las rolas somos así?

Así, ¿cómo?. Pensará usted. Pues así. Antipáticas, culisecas, creídas al bailar, pensándonos de mejor familia que el resto y con esa sonrisa que casi nadie sabe cómo traducir. Pues si, así parecemos, pero no es del todo cierto.

Detrás de esa apariencia antipática, a ratos, hay una enorme amabilidad. No crea usted que es intencional que a veces miremos por encima del hombro al resto de la humanidad. No. Nosotras, desde niñas hemos ido superando prueba tras prueba que por sencillas y frívolas que parezcan, han formado nuestro carácter que no se amaina ante la primera dificultad ni se deslumbra fácilmente.

Piense que a casi todas las rolas nos tocó soportar, con tan solo días de nacidas, esas mallas de lana que dan tanto calor y rasquiña, además de tener que vestirnos por capas porque el clima de Bogotá es bipolar y hay que estar listos para el frío despiadado o el sol intenso que anticipa un agüacero. Esto nos ha hecho ser previsivas, pacientes y tolerantes.

Superar esta extraña mezcla de moda europea armada con atuendos criollos junto con la advertencia eterna de las mamás de arriesgarse a “pescar” una gripa si uno no se tapa la boca, los oídos, el cuello, las orejas, la cabeza y todo de ahí para abajo, es todo un mérito al reconocer que debajo de tanta ropa hay un cuerpecito latino que aunque tiene su “tumbao” jamás aprendió ni aprenderá a mover los hombros cual costeña que lo hace con la facilidad de un pestañeo, tiene “flow”, sonríe y como si fuera poco anima la fiesta y hace señales con sus manos para que todos vayan a bailar. Nosotras las rolas bailamos bien, con estilo, sin alboroto y aunque bailar una pulla no sea nuestra especialidad, bailar un merengue medio apretao nos sale muy bien.

Además de nacer y vivir en una ciudad enorme que se disputa entre ser una de las grandes metrópolis del mundo y caer en la típica capital subdesarrollada, recibimos con una sonrisa a la gran cantidad de gente que viene de otros lugares a quejarse del frío, del tráfico y hasta de nosotros, los “insípidos rolos” como nos dicen porque nacimos medió negados para contar chistes o lucirnos en un karaoke como si fuéramos familiares de Juanes, de Shakira o de Carlos Vives.

Lo nuestro es llegar al alma, cantar acompañados por una guitarra en una noche romántica a media luz, disfrutar de una conquista inteligente, bailar apretado pero no con el “bluyineado” que hace que los demás tuerzan los ojos; nos gusta tomarnos un cóctel o una café “charladito”, y así durmamos con las medias puestas, escondemos una pasión ardiente e inolvidable que no se le entrega cualquiera. Como toda regla, tendrá excepciones, pero lo disimulan.

Eso sí, la belleza cachaca no tiene duda, Colombia es tierra de mujeres hermosas y nosotras no tendríamos que ser diferentes, pero el trasero, señoras y señores, nos lo quedó debiendo la madre naturaleza, eso sí a todo le ponemos el pecho porque por ese lado no hay ningún inconveniente. ¿Pero que esperan? El tráfico en Bogotá no sólo es desquiciador sino aplanador. ¿Acaso las caleñas, que son como las flores, se ven obligadas a estar sentadas por mínimo dos horas cada día? Aquí no hay gimnasio que valga, no insista. Claro, hay quienes lo han solucionado con una cirugía pero, es cuestión de gustos pero prefiero el estilo culiseco al de silicona andante, abundante y de jeans sin bolsillos.

¿Que somos medio antipáticas y nadie sabe a qué atenerse? Puede ser. Las abuelas dicen que la prudencia hace verdaderos sabios y por eso nosotras miramos, analizamos, medimos, evaluamos, probamos y una vez superadas las etapas del método científico, lo consideramos. No señores, fáciles no somos.

Lo cierto es que con todos nuestros “peros” las rolas somos valientes, emprendedoras, incluyentes y hasta queridas, dígame usted sino le facilitamos la vida a quien nos pida ayuda, recibimos en nuestra casa con gusto a las visitas así lleguen a la hora del arrunche dominical y hasta le tenemos paciencia al vecino ruidoso, eso sí, no le busque las cinco patas al gato porque ahí estamos.

Para una rola una clara demostración de amor es ir a Monserrate y tomar canela o chocolate … así el amor se verá más grande, lo juro por Dios.